EL CONTENDOR POR LA FE

Dedicatoria:



A la Revista Evangélica homónima que se publicó entre los años 1924 al1993. A sus Directores y Redactores a quienes no conocí personalmente, pero de quienes tomé las banderas, para tratar de seguir con humildad el camino de servir a Dios trazado en la revista durante casi 70 años.



viernes, 21 de noviembre de 2014

FORMAS DE PREDICAR UN MISMO EVANGELIO – Parte III


Por El Contendor

 
En este capítulo en el que hemos analizado las formas de predicar un mismo evangelio, presentamos como ejemplo de denuedo, (en el significado más amplio de la palabra), a los Apóstoles Pedro y Pablo.

Pero en esta 3ª parte observaremos que hay otra forma de predicar el mismo evangelio (siempre dentro de la Sana Doctrina) a la que hace referencia Pablo en su carta a los Filipenses:

Flp 1:14  Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor.

Flp 1:15  Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda; pero otros de buena voluntad.(*)

Flp 1:16  Los unos anuncian a Cristo por contención, no sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones;

Flp 1:17  pero los otros por amor, sabiendo que estoy puesto para la defensa del evangelio.

Flp 1:18  ¿Qué, pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún.

 Dejaremos planteadas estas dos preguntas:

1) ¿Cómo será esto de predicar a Cristo por envidia y contienda? Y 
2)¿Encontramos hoy pastores que prediquen por intereses tan mezquinos?

Antes de intentar responder estas preguntas,  leamos el siguiente comentario bíblico que nos ubicará en el contexto:
Comentario del N.T. de Serafín de  Ausejo:

 
Cuando Pablo escribió la carta a los Filipenses, estaba preso. Habla con frecuencia de sus cadenas y se enfrenta con la posibilidad de ser condenado a muerte.

 
 
En ella se nos abre con una especial intimidad el alma de Pablo, sus anhelos, sus deseos y, sobre todo, su fe. Y esto es lo que hace que esta carta sea tan valiosa para nosotros.
Ha sido calificada como la más personal de todas las cartas paulinas. Al leer estas líneas nunca debe perderse de vista la lastimosa situación del Apóstol.
Las cárceles del mundo antiguo no eran precisamente demasiado humanitarias, la alimentación era miserable. Teniendo esto en cuenta, cabría esperar propiamente que en la carta hubiera una serie de quejas sobre los hombres, sobre la inseguridad del futuro, sobre la falta de libertad de la situación.
Pero no hay nada de esto. El autor de la carta entiende perfectamente su suerte desde la base de su fe cristiana y no se contenta con superarla, sino que la convierte en un magnífico testimonio de fe.
Se despliega ante nosotros la magnitud del esclavo de Cristo; pero una magnitud y una grandeza que no está lejos de nosotros, como algo inalcanzable, sino dentro de un contexto humano, como algo real, comprensible e imitable.
Los que tienen que sufrir, los que están sometidos a prueba por causa de la fe, encontrarán en el Apóstol doliente una digna norma de la fe.

Debemos localizar el lugar de prisión de Pablo, desde donde fue escrita esta carta, en Éfeso, la metrópoli de Asia Menor a orillas del Mar mediterráneo. Sólo ocho días de viaje separaban esta ciudad y Filipos.

La antigua opinión, según la cual Pablo escribió la carta a los Filipenses desde una cárcel de Roma pierde crédito de día en día.

 Comentarios de William Barclay y Siglo veintiuno.

 Aquí está hablando el gran corazón de Pablo. El estar él en la cárcel ha incentivado a la predicación del Evangelio.

Ese incentivo actuó de dos maneras. Estaban los que le amaban; y, al saberle en la cárcel, redoblaban los esfuerzos para extender el Evangelio para que no perdiera terreno por estar Pablo inmovilizado.

Sabían que la mejor manera de deleitar su corazón era hacerle ver que la obra no sufría por su lamentable ausencia.

Pero otros estaban motivados por lo que Pablo llama eritheía, y predicaban por sus propios fines partidistas.

Eritheía es una palabra interesante. En su origen no significaba más que trabajar por el sueldo. Pero si uno trabaja solamente por él sueldo no tiene la motivación más elevada.

No considera nada más que lo que pueda sacar para sí. De ahí que llegara a significar el espíritu mercenario y ambicioso que no hace nada nada más que para engrandecerse a sí mismo; y llegó a aplicarse a la política y a querer decir hacer lo que fuera para ganar votos.

Así llegó a describir la ambición interesada y egoísta que no busca más que encumbrarse sin prestar atención a los medios a los que tiene que rebajarse para obtener sus fines.

Así es que había algunos que predicaban a Cristo más intensamente aprovechándose de que Pablo estaba en la cárcel, porque esa circunstancia parecía ofrecerles una oportunidad enviada del cielo para aumentar su propio prestigio e influencia y disminuir los de él.

Aquí encontramos una lección. Pablo no sabía lo que eran los celos ni el rencor.

(*) Mientras se predicara a Cristo, no le importaba quién recibiera los honores o el prestigio.

No le importaba lo más mínimo lo que otros predicadores dijeran de él, ni lo enemistados que estuvieran con él, o lo mucho que le despreciaran, o que trataran de sacarle ventaja.

Lo único que le importaba era que se predicara a Cristo.

Es triste que Pablo tuviera que señalar que había algunos que predicaban a Cristo por envidia y contienda, por ambición egoísta, aun con el deseo de hacer las cosas más difíciles para sus prisiones. No conocemos las circunstancias.

Es claro que Pablo no desafía el contenido de la predicación, sino su motivación. Quizá se trataba de líderes de la iglesia en el lugar del encarcelamiento de Pablo antes de llegar él, y ahora estaban celosos de su reputación por causa de sus la bores apostólicas, y estaban decididos a superarlo y muy dispuestos a causarle angustia.

En lugar de retardar la expansión del evangelio, la prisión de Pablo ha creado nuevas oportunidades para dar testimonio, particularmente entre la élite del ejército romano. Esta experiencia ha estimulado a otros a predicar con mayor energía, aunque algunos por motivos equivocados. Pablo no tiene reproches contra esta gente porque su doctrina es correcta. Su reacción es completamente diferente

a la que exhibe contra los agitadores doctrinales que menciona en el capítulo 3.

La magnanimidad de Pablo, que aquí aflora, no debe ser calificada de tolerancia. No se trata de gentes que hayan difundido un error.

 La respuesta a la pregunta (1) ha sido dada por los comentarios que anteceden.

La respuesta a la pregunta (2) es: Sí, existen hoy pastores que predican la doctrina correcta pero lo hacen por su propio interés o beneficio monetario.

Pero aquí existe un riesgo, para el pastor y para su rebaño:

Cuando la doctrina es sana, pero la motivación no está en el amor de Cristo sino que está en la vanagloria y en la ambición personal del que predica, esto lleva  a procurar un aumento de la membresía empleando recursos aparentemente inocuos, pero que finalmente terminan convirtiendo la Sana Doctrina en un espectáculo teatral o peor aún en un aquelarre pagano.

Esta declinación de la Sana Doctrina, generalmente, comienza por los cambios en la música empleada para la alabanza y adoración. Se deja de lado Efesios 5:19  hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones;” el hermoso Himnario Bautista  se abandona como una pieza en desuso y peor aún:  con el objeto que los jóvenes se agreguen a la iglesia, se incorporan estilos de la era contemporánea como el heavy metal, el death metal, el screamo, así como el rap, el hip hop y el reggaeton, que son fuertemente desaprobados por sectores conservadores de la comunidad cristiana, que llegan a denunciar la aceptación de éstos como una forma de secularización que pervierte el carácter de consagración y santidad de la música.
El conocido ministerio "I'll be honest", por ejemplo, desaprueba la música con sonidos estridentes, distorsionados y violentos, considerando que no tiene lugar en el cristianismo.

Otro recurso para “captar público” es el de “alivianar” la doctrina; esto es: sin torcerla ni adulterarla, destacar más los aspectos positivos de la Fe, Dios es amor,  la salvación, la vida eterna, las bendiciones que recibe el creyente, etc. pero, por otra parte, no mencionar o disimular las dificultades de transitar por el camino angosto:

Mateo 7:14  “porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.”
Ni que hablar de algunos versículos tales como:

Juan 3:18  El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

Juan 3:19  Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

 Otro versículo que algunos pastores prefieren no citar es:

Mateo 7:22  Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?

Mateo 7:23  Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

También el tema del infierno prefieren suavizarlo porque lo consideran “espanta gente”.
Si tuviera que dar un ejemplo hoy de  pastores que predicaron la doctrina correcta pero lo hacen por su propio interés o beneficio monetario, citaría a Luis Palau.

Yo he comentado sobre este célebre evangelista en la nota aparecida en este mismo blog bajo el título “Los caminos de Luis Palau”, el 08-09-2013, donde recordaba el inicio de sus famosas “Cruzadas con Luis Palau” en las cuales se “respiraba” la Sana Doctrina.

Luego, música mediante, se fue produciendo la “metamorfosis” para llegar a los recitales multitudinarios de hoy donde cada vez hay más música y espectáculo y menos Biblia y Sana Doctrina. El mismo Palau reconoció que él prefiere no hablar mucho acerca del infierno.

Por lo visto, su mimetización con el mundo, le acarreó sus buenos beneficios económicos y su fama como predicador llegó a los lugares más alejados del planeta.

Pero no olvidemos que “sic transit gloria mundi” (así pasa la gloria del mundo) y al final de nuestra estadía en este mundo, habremos de comparecer ante el Tribunal de Cristo para dar cuenta de nuestros actos y allí tendremos la certeza si nuestra actitud agradó más a Dios o agradó más a los hombres.

Pero lo cierto es que mientras se predique la Sana Doctrina y el Evangelio Verdadero, no adulterado, deberemos decir junto con el apóstol Pablo:

 
Filipenses 1:18  ¿Qué, pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún.

martes, 18 de noviembre de 2014

FORMAS DE PREDICAR UN MISMO EVANGELIO – Parte II


Por El Contendor


                                                         PABLO EN EL AREÓPAGO

El Apóstol Pablo, incansable en recorrer ciudades y kilómetros en sus viajes, predicaba el Evangelio con tal denuedo que lo llevó a sufrir prisiones y arriesgar su propia vida en estas misiones.

A pesar de su elocuente oratoria, no siempre eran bien recibidos sus sermones.

Por ejemplo recordemos el discurso de Pablo en Atenas:


 



 

 

 
Hchos 17:16  Mientras Pablo los esperaba [a sus compañeros] en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría.

Hch 17:17  Así que discutía en la sinagoga con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día con los que concurrían.

Hch 17:18  Y algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos disputaban con él; y unos decían: ¿Qué querrá decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses; porque les predicaba el evangelio de Jesús, y de la resurrección.

Hch 17:19  Y tomándole, le trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podremos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas?

Hch 17:20  Pues traes a nuestros oídos cosas extrañas. Queremos, pues, saber qué quiere decir esto.
Hch 17:21  (Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo.)


Nota:

El Areópago (‘colina de Ares’, deidad griega de la guerra, que corresponde al Marte romano), está situado a 115 metros de altura en una zona rocosa de Atenas, Grecia, y separado del Acrópolis por un arroyo.

Con ese nombre se conocía también la corte suprema compuesta por los patriarcas de la ciudad (“areopaguitas”), autoridades supremas en asuntos políticos y religiosos. También tenía mucha influencia en asuntos de educación. Es natural que semejante cuerpo tuviera interés en Pablo y en su nueva enseñanza.

Comentario Bíblico:

Parecería que, en general, Pablo tuvo menos éxito en Atenas que en ningún otro sitio. Era típico de los atenienses que lo único que querían era hablar; no querían actuar, ni casi llegar a ninguna conclusión. Les atraían las acrobacias mentales y el estímulo del paseo intelectual sin compromiso.

Hubo tres reacciones principales: (a) Algunos se burlaron. Les divertía la apasionada seriedad de aquel extraño judío. Se puede reducir la vida a un chiste; pero los que lo hagan se darán cuenta tarde de que lo que tomaron por comedia termina en tragedia. (b) Algunos aplazaron la decisión. El día más peligroso es cuando uno se da cuenta de lo fácil que es dejar las cosas para mañana. (c) Algunos creyeron. El prudente se da cuenta de que es de locos rechazar lo que Dios ofrece generosamente.

Se dan los nombres de dos convertidos. Uno fue Dionisio el Areopagita. Como ya se ha dicho, el Areópago estaba formado por no más de treinta personas; así que Dionisio debe de haber formado parte de la aristocracia intelectual de Atenas. La otra persona que se convirtió fue Dámaris.

La posición de una mujer en Atenas era muy restringida. Es dudoso que una mujer respetable se encontrara en la plaza del mercado, y menos en el Areópago. Es probable que se tratara de una conversión de una vida de vergüenza a una vida gloriosa y auténtica. Aquí tendríamos otro ejemplo de cómo llega la invitación del Evangelio a todas las clases y condiciones de hombres y mujeres

 

En Atenas, el politeísmo (la creencia en múltiples dioses) era común: la ciudad había sido «entregada a la idolatría» (v. 16). Estos filósofos pensaban que Pablo estaba propagando una religión de dos nuevos dioses: Jesús y la resurrección . Otros, sin embargo, acusaron a Pablo de palabrero: un charlatán o coleccionista de chismes e información falsa o un seudo-intelectual frívolo. Trágicamente, los super-intelectuales de la Colina de Marte no lograron ver en Pablo todas las cualidades que hacían de él un portador de la verdad.

 

El discurso de Pablo sigue así:

 

Hch 17:22  Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos;

Hch 17:23  porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio.

Hch 17:24  El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas,

Hch 17:25  ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.

Hch 17:26  Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación;

Hch 17:27  para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros.

Hch 17:28  Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos.

Hch 17:29  Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres.

Hch 17:30  Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan;

Hch 17:31  por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.

Hch 17:32  Pero cuando oyeron lo de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: Ya te oiremos acerca de esto otra vez.

Hch 17:33  Y así Pablo salió de en medio de ellos.

Hch 17:34  Mas algunos creyeron, juntándose con él; entre los cuales estaba Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris, y otros con ellos

 

Comentario bíblico DV:

 

17.23 Pablo presentó al único Dios verdadero a estos hombres educados de Atenas; a pesar de que eran muy religiosos, no lo conocían. Hoy tenemos una sociedad "cristiana", pero para muchas personas, Dios todavía es desconocido. Necesitamos proclamar quién es Dios y dejar en claro lo que El hizo por la humanidad mediante su Hijo Jesús. No podemos suponer que aun los religiosos que nos rodean conocen en verdad a Jesús ni comprenden la importancia de depositar nuestra fe en Él.

 

17.30, 31 Pablo no dejó su mensaje inconcluso. Confrontó a sus oyentes con la resurrección de Jesús y su significado para la gente: bendición o castigo. Los griegos no tenían idea de lo que era el juicio. La mayoría prefería adorar muchos dioses antes que a uno solo, y la idea de la resurrección era increíble y hasta ofensiva para ellos. Pablo no escondió la verdad, no le importó lo que pensaran al respecto. Cambió su exposición a fin de que encajara en su audiencia, pero nunca cambió su mensaje básico.

 

17.32-34 El mensaje de Pablo motivó una reacción mixta: algunos se rieron, otros buscaron más información y un pequeño grupo creyó. No dude en hablar a otros acerca de Cristo porque tema que algunos no le creerán.

 

CONCLUSIÓN:

No espere una respuesta positiva masiva a su testimonio, aunque crean pocas personas, vale la pena el esfuerzo.

 
                                                                                             Continúa en ParteIII

FORMAS DE PREDICAR UN MISMO EVANGELIO – Parte I


Por El Contendor

 

Entre  los  griegos como entre  los romanos que fueron
contemporáneos de los apóstoles, la retórica era una cualidad muy preciada en sus oradores. El discurso no solamente valía por lo que decía sino que también la persuasión,  dependía de cómo se decía.
Los Apóstoles fueron enviados por el mismo Señor: “Marcos 16:15  Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.”
Marcos 16:20  Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén.
Todos ellos, capacitados por el Espíritu Santo, extendieron el Evangelio por todo el mundo conocido hasta esa época. Seguramente todos habrían recibido de Dios el don de la oratoria, en mayor o menor grado.
Tenemos muchos pasajes bíblicos que nos describen cómo predicaban el Evangelio aquellos discípulos de Jesús. Veamos unos pocos:
Hch 4:13  Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús.
Hch 4:29  Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra,
Hch 4:30  mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús.
Hch 4:31  Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.
Efe 6:19  y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio,
Efe 6:20  por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él,
como debo hablar.
La palabra DENUEDO vemos que aparece con frecuencia asociada a la predicación del Evangelio; el significado según la RAE es:
Denuedo. (De denodarse). 1. m. Brío, esfuerzo, valor, intrepidez
Dicho con otras palabras: Los Apóstoles y discípulos enviados por Jesús predicaban el Evangelio con esfuerzo, valor, intrepidez y brío.

Los Apóstoles Pedro y Pablo  se destacaban por estas cualidades de su oratoria, capaz de conmover a sus audiencias, haciéndoles tomar conciencia de sus pecados y de la necesidad de arrepentimiento.











Aquél primer discurso de Pedro, ante la multitud que se había  reunido en la casa, con motivo del gran estruendo ocasionado por el viento, con la llegada del Espíritu Santo, marcó la diferencia entre un Pedro temeroso y dubitativo y un Apóstol Pedro intrépido y valeroso.

Guiado por el E. Santo, Pedro fue llevando con su sermón a la multitud incrédula y burlona a la convicción, compunción y al  arrepentimiento.

Aquí veremos algunos párrafos de su oratoria:

Hch 2:14  Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

Hch 2:15  Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día.


Citándoles las escrituras los fue llevando a reconocer a Cristo, el Hijo de Dios, como su mesías (algo muy difícil para la mayoría de los judíos de aquellos días).




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Hch 2:22  Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis;

Hch 2:23  a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole;

Hch 2:24  al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.

Hch 2:25  Porque David dice de Él:

 Veía al Señor siempre delante de mí;

 Porque está a mi diestra, no seré conmovido.

Hch 2:26  Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua,

 Y aun mi carne descansará en esperanza;  

Hch 2:27  Porque no dejarás mi alma en el Hades,

 Ni permitirás que tu Santo vea corrupción.  

Hch 2:28  Me hiciste conocer los caminos de la vida;

 Me llenarás de gozo con tu presencia.

Hch 2:29  Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.

Hch 2:30  Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono,

Hch 2:31  viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción.

Hch 2:32  A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

Hch 2:33  Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.

Hch 2:34  Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice:

 Dijo el Señor a mi Señor:

 Siéntate a mi diestra,

Hch 2:35  Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.

Hch 2:36  Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

Hch 2:37  Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

Hch 2:38  Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Hch 2:39  Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Hch 2:40  Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

Hch 2:41  Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.

Hch 2:42  Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.

 

(continúa en Parte II)
 

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viernes, 24 de octubre de 2014

NO HAY PROFETA SIN HONRA SINO EN SU PROPIA TIERRA


Por El Contendor

 

Tal vez pueda parecer reiterativo que el tema que desarrollaremos a continuación sea, de cierta manera, continuación del tema tratado en la publicación que lo precede.

Es que todo puede abarcarse en un tema bajo el encabezado:

Isaias 40:3  VOZ QUE CLAMA EN EL DESIERTO: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios.

Juan 1:23  Dijo: Yo soy la VOZ DE UNO QUE CLAMA EN EL DESIERTO: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.

 

Como en los tiempos de Juan el Bautista, (tiempos de la primera venida del Señor), en estos tiempos actuales, a los creyentes que esperamos la 2ª venida del Señor, nos urge ser los Heraldos de tan magnífico Rey, proclamando Su Evangelio por todo el mundo. (Romanos 1:16),……………. “porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree”.

Lamentablemente el número de “todos aquéllos que creen” nunca ha sido abundante. Por tal razón, el “clamar en el desierto” en Isaías 40:3 y en Juan 1:23 implica un doble significado:

El desierto, para un creyente, en el sentido físico es el mundo;  es un lugar de soledad, de peligros, de carencias e inhóspito.

El desierto, espiritualmente hablando, es la enorme masa de “todos aquéllos que no creen”.

Hay grandes multitudes que, como en los tiempos de Jesús, se amontonan para escuchar, para ver prodigios, pero son impermeables a la Palabra. Están insensibilizados.

Hoy tenemos muchos buenos heraldos de la Palabra. En mis comienzos como creyente, solía detenerme a escuchar en las plazas a algún predicador itinerante que con un altavoz en una mano y una biblia en la otra predicaba con denuedo el Evangelio ante un pequeño número de oyentes integrantes de su propia congregación. De tanto en tanto se detenía algún transeúnte y se incorporaba al grupo.

De los cientos de personas que transitaban o deambulaban por la plaza, al parecer muy pocos  mostraban interés por escuchar al predicador. Algunos se acercaban, escuchaban unos minutos y luego se retiraban.

¡Qué tristeza! Miré al predicador, y pensé: “Esa es la voz de alguien que clama en el desierto”

Seguramente el panorama hubiera sido totalmente distinto si en esa misma plaza algún falso maestro hubiera montado un espectáculo del tipo “noches de poder y milagros”.

Si da tristeza contemplar la escasa audiencia que concurre a escuchar cuando se predica la Palabra lisa y llana, sin circo, sin milagros, sin curaciones, más tristeza da ver a alguien que se acerca, escucha y se aleja porque esa persona quizás dejó pasar su salvación, perdió su oportunidad, como el pasajero que pierde el tren por negligencia, por no estar en el andén en el horario de partida.

Conocí a una persona que predicaba el Evangelio de Jesucristo con gran fidelidad a La Palabra.

Quería conquistar almas para llevarlas a los pies de Cristo para que Él las salvara.

Pero un día se dijo: “Algo estoy haciendo mal, en mi propia casa,  mi propia familia, ¡no quiere escuchar el Evangelio!

¡Qué dolor que llega hasta las fibras más profundas del corazón, causa que esos niños que fueron criados e instruidos en la Palabra de Dios, que han visto la obediencia de sus padres cumpliendo con la ordenanza del bautismo, que han contestado ¡Amén! agradeciendo a Dios por los alimentos diarios, etc. Esos mismos niños inmersos en el mundo, ¡llegan a adultos para rechazar el Evangelio!

Juan 3:18  El que cree en El no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

Entonces recordé :

Marcos 6:4  Y Jesús les dijo: No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa.

Marcos 6:5  Y no pudo hacer allí ningún milagro; sólo sanó a unos pocos enfermos sobre los cuales puso sus manos.

Y esta es la explicación al hecho que narran los evangelios cuando Jesús, luego de haber hecho muchos milagros en Capernaúm, regresó a Nazaret donde estaba la casa de sus padres y el taller de carpintería donde aprendió de José su oficio de carpintero.

COMENTARIO EVANGELIOS EXPLICADOS

Este pasaje nos muestra a nuestro Señor Jesucristo en "su propio país" en Nazaret. Es una comprobación melancólica de la maldad del corazón humano, y  merece atención especial.

Vemos, en primer lugar, cuan dispuestos están los hombres a tener en poco aquello que les es familiar. Nuestro Señor "escandalizaba" a los de Nazaret. No  podían imaginarse que el que había vivido tantos años entre ellos, a y cuyos hermanos y hermanas conocían, fuese digno de ser seguido como maestro  público.

Ningún lugar en la tierra ha gozado de los privilegios de Nazaret. El Hijo de Dios residió treinta años en esa ciudad, y recorrió sus calles. Por treinta años  marchó por las sendas de Dios a vista de sus habitantes, llevando una vida intachable y perfecta. Pero esto no hizo en ellos ninguna impresión. No estaban  dispuestos a aceptar el Evangelio, cuando el Señor se presentó para enseñar en su sinagoga. No quisieron convenir en que tuviera ningún título a fijar su  atención una persona que conocían tan bien, y que por tanto tiempo estuvo entre ellos, comiendo, bebiendo, y vistiéndose como ellos. Se "escandalizaban de  Él.

No hay nada en esto que debe sorprendernos; lo mismo está aconteciendo todos los días en torno nuestro y en nuestro mismo país. Las Santas Escrituras, la  predicación del Evangelio, el culto público, los abundantes medios de gracia de que goza un país, son muy a menudo tenidos en poco  aprecio por sus habitantes. Están tan acostumbrados a ellos, que no comprenden sus privilegios. Es una triste verdad, que en religión, más que en nada, la  confianza engendra el desprecio.

Lo que experimentó el Señor en este particular es una fuente de consuelos para algunos de los que forman su pueblo. Es un consuelo para los ministros fieles  del Evangelio, que angustia la incredulidad de sus feligreses o de los oyentes que regularmente tienen. Es un consuelo para los verdaderos cristianos que se  encuentran aislados en medio de sus familias, y ven a todos los que los rodean apegados al mundo. Recuerden que están apurando el mismo cáliz que su  amado Maestro. Recuerden que Él también fue despreciado por los que mejor lo conocían. Aprendan que la conducta más arreglada y más constante no  reducirá a lo demás a adoptar sus opiniones y sus ideas, como sucedió con la gente de Nazaret. Sepan que los siervos del Señor aprenderán por propia  experiencia cuan fundadas eran sus quejas doloridas, cuando exclamaba, "un profeta no está deshonrado, sino en su propio país, y entre los de su parentela, y  en su propia casa.

Vemos, en segundo lugar, cuan humilde era el rango que en el mundo se dignó aceptar el Señor antes de empezar a ejercer su ministerio público. El pueblo de Nazaret decía de Él, con desprecio, "¿No es este el carpintero?.

Esta es una expresión muy notable y que solo se encuentra en el Evangelio de S. Marcos. Nos prueba claramente que durante los primeros treinta años de su  vida nuestro Señor no se avergonzaba de trabajar con sus manos. Hay algo de maravilloso en esto, y el pensar en ello nos sobrecoge. El que hizo el cielo, la  tierra, el mar y todo lo que hay en ellos ­Aquel sin el cual nada se hizo de lo que ha sido hecho; el Unigénito de Dios tomó la forma de siervo, y "comió el pan  con el sudor de su frente" como un obrero. Este es, en verdad, "ese amor de Cristo que sobrepuja toda inteligencia". Aunque era rico, por causa nuestra se hizo  pobre; y se humilló en su vida y en su muerte, para que por su medio los pecadores pudieran vivir y reinar eternamente.

Recordemos, al leer este pasaje, que la pobreza no es pecado. No debemos avergonzarnos de nuestra pobreza, a menos que nuestros pecados no la hayan  causado; ni debemos despreciar a nadie porque sea pobre. Vergonzoso es ser jugador, borracho, avariento o mentiroso, pero no es una afrenta trabajar con  nuestras manos y ganar el pan con nuestro trabajo. El espectáculo del taller del carpintero en Nazaret, debería humillar los altivos pensamientos de todos los  que adoran el ídolo de las riquezas. No es una deshonra ocupar la misma posición que el Hijo de Dios y el Salvador del mundo.

Vemos, en último lugar, qué pecado tan terrible es la incredulidad. En dos expresiones muy notables se encierra esta lección. Una de ellas es, que nuestro  Señor "no pudo hacer milagros en Nazaret" por la dureza del corazón del pueblo; la otra, que "Él se maravillaba de su incredulidad" La una prueba que la  incredulidad puede privar a los hombres de las más ricas bendiciones; la otra que un pecado tan irracional y tan suicida, que aún el Hijo de Dios lo contempla  con sorpresa.

Nunca nos deberemos creer bastante en guardia contra la incredulidad. Es el pecado más antiguo en el mundo, pues principió en el Edén, cuando Eva prestó  oídos a las promesas del diablo, en vez de creer la palabra de Dios, "moriréis". Es el pecado que produce las consecuencias más desastrosas. Introdujo la  muerte en el mundo; mantuvo a Israel cuarenta años fuera de Canaán; es el pecado que llena especialmente el infierno. "El que no cree será condenado". Es el  más necio y el más inconsecuente de todos los pecados. Arrastra al hombre anegarse a la evidencia, a cerrar sus ojos al testimonio más claro y a creer, sin  embargo, falsedades. Pero lo peor de todo es que ese pecado abunda mucho en el mundo; millares de millares incurren en él, que profesan ser cristianos, que  nada han oído de Paine ni Voltaire, pero que en la práctica son incrédulos reales y efectivos; no creen de una manera implícita en la Biblia, ni aceptan a Cristo  como su Salvador.

Vigilemos cuidadosamente nuestros corazones en ese particular de la incredulidad. El corazón, no la cabeza, es el trono de su misterioso poder. Los hombres  son incrédulos no por falta de pruebas, ni por las dificultades de la doctrina cristiana; es porque no tienen voluntad de creer, y aman el pecado, y están  adheridos al mundo. A los que se encuentran en esa condición espiritual nunca les faltan razones aparentes que sostengan su voluntad. El corazón humilde y  sencillo como el del niño es el corazón que cree.

SIGAMOS VIGILANDO NUESTRO CORAZÓN AÚN DESPUÉS DE HABER CREÍDO, QUE NUNCA QUEDA BIEN EXTIRPADA LA RAÍZ DE LA INCREDULIDAD.
SI NOS DESCUIDAMOS EN VIGILAR Y ORAR, PRONTO BROTARÁN LAS MALAS YERBAS DE LA INCREDULIDAD. NINGUNA PLEGARIA ES TAN  IMPORTANTE COMO LA DE LOS DISCÍPULOS, "SEÑOR AUMENTA NUESTRA FE" .